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lunes, octubre 3, 2022
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5 Rutas de la Sidra

Por Gimena Bugallo y Carolina Barbosa


Cada año, próximos a la culminación de los mismos, nos reunimos para celebrar las Fiestas, más precisamente la Nochebuena y Navidad. Pero, ¿sabemos verdaderamente qué es lo que estamos festejando?

Antiguamente en nuestro planeta, todas las culturas veneraban sobre una cruz los 4 aspectos del Ser global: verano, otoño, invierno y primavera. Los 21 de diciembre se daba comienzo a tres días consecutivos de estabilidad del Sol antes de su (re)nacimiento anual, fechado en nuestro calendario como 25 de diciembre. A este acontecimiento los romanos lo llamaban ‘nativitas’, que significa nacimiento en latín. Ese hecho era descrito por los antiguos como la búsqueda de la iluminación y el florecimiento.

En Asia y Europa, la fiesta del ‘Natalis Solis’ era muy popular y la llegada del cristianismo adoptó esa cultura nombrando a su salvador como Dios Sol. Los nórdicos y los celtas, hoy devenidos en cristianos, unieron la tradición pagana para armar el primer árbol de Navidad donde llegaba un viejo barbudo (símbolo de la sabiduría) para dejar obsequios inmateriales al mundo.

Más allá de las creencias, los aspectos religiosos y culturales, hay algo que nos hermana y es este sol que emprende un nuevo camino que nos modifica, abraza y une a todos. Esto no sólo es motivo de celebración universal sino que además, desde mucho antes de la existencia del Antiguo Testamento, miles de pueblos del globo terráqueo se concentraban para brindar, por este y otros sucesos, con una bebida espirituosa peculiar: la sidra.

No hay fecha puntual ni locación exacta del nacimiento de este elixir. Desde tiempos inmemoriales, griegos, romanos, hebreos y egipcios la elaboraban, cada uno bajo diferentes procesos, para disfrutarla acompañando un festejo. Sin embargo, sea cual fuere su origen y casi como una especie de ritual, cada diciembre toma protagonismo en nuestras mesas invitándonos a alzar las copas para celebrar hoy, en una especie de simbiosis, como se hacía en la antigüedad.

Villa Regina, Río Negro: Más de 40.000 habitantes forman parte de una de las ciudades más importantes del Valle de esta provincia que ofrece una amplia oferta de turismo rural por viñedos y bodegas. La tranquilidad campestre y la gastronomía local juegan un importante rol en este lugar que permiten conectarse con la naturaleza de un modo especial. Por la Barda Norte existen dos miradores: el del Indio Comahue, construido en conmemoración al 40° aniversario de la ciudad, y el de la Capilla Santa Teresita del Niño Jesús. La Capilla es considerada un monumento histórico y fue construida en 1933 con piedras de la misma meseta y vigas donadas por el ferrocarril. La realización de la primera edición de la Fiesta de la Sidra se había programado para llevarse a cabo el pasado fin de semana pero debió ser suspendida por inconvenientes, sin nuevo aviso.

San Patricio del Chañar, Neuquén: En la Patagonia argentina, más precisamente en el departamento de Añelo, encontramos esta localidad que funciona como una especie de destino final una vez que los frutos están recolectados y el proceso de embotellado culmina. Aridez, valle, sequedad, viento y sol abrazador, confluyen en este escenario preciado de producción de un nuevo manjar. ¿Quién dijo que no se pueden desafiar los paradigmas establecidos? Acá se da forma a un sueño de novedades en el gusto y el espíritu. Con un sabor único y diferente, se abre paso una sidra de pera artesanal que reinventó el mercado para ofrecernos una experiencia inigualable. Además de las bodegas, tenemos la posibilidad de visitar el lago Mari Menuco donde se realizan todo tipo de prácticas deportivas.

Comarca Paralelo 42, Chubut: Ubicada a 200 metros sobre el nivel del mar, esta zona conforma un grupo de localidades cordilleranas y marca el límite entre las provincias de Chubut y Río Negro, más precisamente, el noroeste de la primera y sudoeste de la segunda. Los aeropuertos de las ciudades de Bariloche y Esquel son los más cercanos y, de hacer uso de un vehículo, se puede recorrer a través de la Ruta 40. La propuesta de paisajes ostentosos que se ofrecen aquí es deslumbrante: lagos y montañas en perfecta sincronía con la arboleda y la fauna que te sumerge en una especie de cuento de hadas. Desde el lado chubutense, los espacios más solicitados son el Lago Puelo y su Parque Nacional, El Hoyo, el Paraje Las Golondrinas y las aguas de Epuyén, entre otros. La  fruticultura es una de las actividades principales entre las que se destacan la manzana, pera y uva.

Valle de Uco, Mendoza: Este valle glorioso que se extiende entre Tupungato y el norte del río Tunuyán, funciona como una de las cunas de la elaboración de la bebida en cuestión. Es una experiencia en sí misma habitar este paisaje galardonado por las altas cumbres con tierras verdes y fértiles en su centro, que funciona como hogar preciado para las manzanas con las que se elabora la sidra, ese elixir refrescante que supo hacerse lugar entre los fanáticos epicúreos que visitan este sitio. Además, por el Camino de los Cerrillos, se encuentra el mirador Cristo Rey, donde uno puede no sólo apreciar los variados paños con cultivos de frutales de pepita y carozo sino también los de hierbas aromáticas y alamedas.

San Fernando, Provincia de Buenos Aires: No todos los expertos en sidra radican en el sur de nuestro país, también hay sectores en Buenos Aires que nada tienen que envidiarle a sus competidores patagónicos en lo que a productos espirituosos se refiere. Acá no tenemos paisajes paradisíacos, pero se pueden visitar espacios donde esta bebida es elaborada, embotellada y pasteurizada. La ciudad es la más poblada del partido y limita con Tigre y San Isidro. Más allá de la recorrida por las factorías, la zona nos invita a realizar otras actividades que se conectan con la naturaleza, como navegaciones en cruceros y tours acuáticos, yatching aventura o visitar el Museo y monumentos históricos.

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