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En primera persona – Corcovado, la utopía de un viaje con destinos infinitos

Alvaro Nanton
Alvaro Nanton

Autor: Alvaro Nanton

Eduardo Galeano lo tenía claro. Era escritor y supo ordenar en palabras un significado en particular: “La utopía está en el horizonte. Si caminás diez pasos a ella, la utopía se aleja diez pasos más”. Pero, entonces, ¿tiene algún valor la utopía? Y Galeano, citando a otro escritor, Fernando Birri, redactó: “Sirve para eso, para caminar”. 

Y, en ese camino que es movimiento, lo viví yendo al Corcovado. Un pueblo en la provincia de Chubut enclavado en la cordillera, dentro de un valle y a 60 kilómetros de Trevelin. Y, ¿por qué me pasó eso? Básicamente porque cada vez que voy, encuentro en la ruta miles de utopías, de horizontes, de lugares que estoy tentado a ir, pero el tiempo no me deja. Logré detenerme en algunas, dar algunos pasos, pero queda mucho por recorrer.

Mi objetivo siempre había sido ir a este pueblo de 3000 habitantes. Tiene, a cada cuadra, un almacén. Gente sencilla y buena onda. Dentro, no hay muchos atractivos, más que una buena cama y silencio para descansar. Pero, desde ahí, tenés muchos destinos cercanos. 

Uno de los primeros es el Río Corcovado. Son aguas que entran del Océano Pacífico. Es la única vertiente en la que se puede pescar el salmón y es cuna de los pescadores de mosca. 

A unos 17 kilómetros está el Río Hielo. Entre la montaña boscosa, de árboles verdes intensos, el agua que baja del deshielo es de un color particular. Es pura, pero se blanquea en el movimiento mientras dibuja surcos y se pierde en el zigzagueo de la montaña.

Luego, intenté varias veces llegar al Lago Guacho, pero todas fueron en otoño o invierno. La altura en la que está enclavado siempre me recibió con nieve y mi auto se la bancó, pero tampoco para tanto. Me faltaban unos cinco kilómetros, pero no pude llegar. El viaje es una hermosura porque vas viendo cómo te acercás a la montaña, hasta que, de un momento a otro, te metés dentro de unos de sus bosques, con los pinos ya pintados de blanco.

Pero las utopías del viaje a Corcovado no comienzan en el pueblo. Sino que antes, sobre la Ruta 40 pasás por otros lugares que siempre te invitan a quedarte. Lago Puelo es uno de ellos, que en los últimos meses se incendió parte de su bosques y así quedó. 

Si bien hubo grandes pérdidas materiales y víctimas fatales, deja postales de un fuego que arrasó con todo. Hay unos cambios de colores entre la naturaleza que murió y la naturaleza que nos hace vivir. Entre el negro y la vida. Ideal para los buenos fotógrafos. 

Además, pasar por lugares como Bariloche, El Bolsón, Esquel y Trevelin. Cada uno de ellos te invita a quedarse, a descansar, a conocer su historia y, por sobre todas las cosas, a disfrutar de la naturaleza que tiene la hermosa patagonia argentina. Pero, todo depende del tiempo que tengas.

Autor: Alvaro Nanton

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