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Paredes que hablan

Foto: larutanatural.gob.ar
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Los más de cincuenta kilómetros que unen a las localidades de Tinogasta y Fiambalá esconden poblados de antaño y reliquias edilicias de más de trescientos años de antigüedad. Qué conocer en este circuito de enormes edificios de barro, que reflejan la identidad catamarqueña. 


Por Christian Alí Bravo.

“La necesidad es la madre de todas las ideas”, dice el refrán. Y fue el imperioso deseo de construir una vivienda que cobije en invierno y ofrezca un respiro en verano, lo que decantó en la creación de un material tan noble y resistente como el adobe. Manos sucias de huellas gastadas se encargaron de transformar la arcilla, el pasto, la paja, la tierra y el agua, para darle vida a este elemento tan maleable, que posibilitó formas arquitectónicas hasta el momento inexistentes. Y la Ruta del Adobe, vínculo estrecho entre Tinogasta y Fiambalá en Catamarca, es el mejor exponente de ello.

Un camino de ida

Los lugareños la llaman La Ruta, sin más: tal es el peso del nombre propio que ni hace falta decir su apellido. Lo cierto es que esos 55 kilómetros de la Ruta Nacional 60 que unen Tinogasta y Fiambalá también podrían ser considerados un museo a cielo abierto, donde construcciones de adobe de más de 300 años de antigüedad exhiben, impolutas, su color marrón terracota con orgullo.

El ingreso a cada uno de los pueblos supone el toparse con casonas, oratorios e iglesias que sorprenden con sus formas, arcos y cúpulas redondeadas. Estas edificaciones, en sus entrañas de barro, guardan secretos que se mantienen impermeables al paso del tiempo. Que muchas de ellas hayan sido declaradas “Monumento histórico” no hace más que reafirmarlo.

Catamarca Adobe

Los imperdibles

Para quienes tengan pensado visitar estas joyas catamarqueñas es importante saber que tanto Tinogasta como Fiambalá cuentan con cabañas, hoteles y campings como opciones de alojamiento. Igual de prioritario es tomar nota de aquellas reliquias arquitectónicas que bajo ningún punto de vista se pueden perder.

Tomando Tinogasta como punto de partida, y antes de salir a la ruta, el itinerario puede comenzar en el mismo corazón de la ciudad con un desayuno en Casagrande, casona tradicional que data de 1887 y que hoy funciona como hotel y restaurante.

La segunda parada espera a un poco más de 15 kilómetros. Allí en El Puesto se encuentra el Oratorio de los Orquera, construido en 1740 y que dentro de su estructura rojiza guarda una verdadera joya: una pintura traída desde Perú de la Virgen amamantando al niño Jesús del año 1717.

A menos de tres kilómetros, en La Falda, descansa la colorida capilla de Nuestra Señora de Andacollo, construida a mitad del siglo XIX. A pesar de que el poblado más cercano desapareció y de que estuvo mucho tiempo abandonada, hoy se erige en el paisaje como una visita de carácter obligatorio.

Yendo 5 kilómetros hacia el norte, Anillaco es historia viva de la provincia. Tanto es así que allí se encuentra la capilla más antigua del territorio catamarqueño. Con un altar hecho de barro, piso de tierra y paredes de más de un metro de espesor, mantiene sus puertas abiertas desde 1712 y hoy se la puede visitar de lunes a domingo (entre las 8 y las 12, y de 15 a 19 horas). En esta localidad, además, se pueden contemplar los restos del poblado español Mayorazgo.

A sólo unos minutos, las Ruinas de Watungasta aún permiten divisar vestigios de construcciones con clara influencia del Imperio Inca y las huellas de pobladores prehispánicos. Este sitio arqueológico supo sobreponerse al deterioro causado por las inclemencias climáticas y el descuido.

Ya llegando a Fiambalá, puntualmente en sus afueras, la Iglesia San Pedro, erigida en 1770, es un fiel exponente de la arquitectura colonial española. Aunque también se la vincula a diversas leyendas y hechos milagrosos: para adorar al santo caminador San Pedro, muchos fieles acuden con zapatos a modo de ofrenda o agradecimiento. Justo al lado de la Iglesia se encuentra la Comandancia de Armas, que data de 1745 y donde se exhiben reliquias de la época.

Al trote

Si bien la Ruta del Adobe se puede desandar en automóvil o bicicleta, una manera distinta de recorrerla es a caballo, con itinerarios que ofrecen cabalgatas de dos a seis horas, o experiencias que se pueden extender por varios días. Cerro Negro, El Salado, El Pueblito o Cordobita son solamente algunos de los puntos incluidos en esta ruta alternativa, que se completa con asado, guitarreadas, lecturas y unos infaltables mates.

2023

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